E D I C I Ó N - N ° 210 - OCTUBRE - 2 0 2 3

 

 

 

 

¿Cuál es el músculo más importante de tu empresa?
Javier Martínez Aldanondo
Socio Cultura de Aprendizaje en Knowledge Works
javier@kworks.cl y javier.martinez@knoco.com

www.javiermartinezaldanondo.com

Twitter: @javitomar – Instagram: @javiermartinezaldanondo

 

Confío en que si te pregunto ¿Cuál es tu músculo más importante? tu respuesta sea: el cerebro. Una función principal del cerebro es producir inteligencia. La inteligencia es el mecanismo que usamos los seres humanos para sobrevivir pero, sobre todo, es el mejor instrumento de que disponemos para alcanzar nuestros objetivos. La inteligencia consiste en crear un modelo de cómo funciona el mundo para poder navegarlo a salvo. Me gusta descomponer la inteligencia en 2 elementos: 1. Conocimiento (lo que sabemos hacer hoy) y 2. Aprendizaje (lo que deberemos saber hacer mañana).

 

La respuesta a la pregunta ¿Cuál es el musculo más importante de una empresa? también debiese ser el cerebro. La diferencia es que una organización no tiene cerebro, o al menos yo no lo he encontrado y llevo años buscándolo. Claro, tiene algunos componentes de ese músculo cerebral: cuenta con procesos que indican qué se hace, procedimientos, organigramas, metodologías, tecnologías, etc, pero no existe un cerebro como tal. En todo caso, el cerebro de la empresa lo formarían los cerebros de sus integrantes e incluso, de sus clientes, proveedores y resto de stakeholders. La ausencia de cerebro genera un riesgo enorme porque la empresa es totalmente dependiente de los cerebros de los individuos. Las personas tenemos 3 elementos a nuestro favor: 1, Nuestras neuronas no se marchan, sino que cada mañana al despertar siguen en tu cerebro. 2, Las neuronas no se pelean, sino que colaboran para que puedas conseguir lo que te propones. 3. El conocimiento es “tuyo” y no lo pierdes a no ser que tengas un accidente que te borre la memoria. Sin embargo, las empresas tienen 3 elementos en contra: 1, Las personas abandonan las organizaciones y cada vez permanecen menos tiempo en ellas. Cuando una persona se va, se lleva consigo su conocimiento y la empresa lo pierde. 2, Cada persona tiene sus objetivos, prioridades, preferencias y planes y coordinar y alinear esos cerebros y sus voluntades para hacerlos colaborar es el principal desafío del liderazgo. 3, El conocimiento que atesoran sus colaboradores es el activo más importante de una empresa y sin embargo es patrimonio de los individuos. Eso es muy fácil de comprobar. Si los colaboradores no vienen a trabajar al día siguiente y llegan otras personas con cerebros distintos, la empresa no funciona.

Conclusión: toda organización tiene que desarrollar un órgano responsable de la inteligencia. Y dicho órgano no tiene por qué ser un cerebro mientras cumpla adecuadamente su función al igual que para volar, los aviones no mueven las alas como los pájaros.

 

¿Cómo funciona el cerebro humano para ser inteligente? Para empezar el conocimiento solo te importa cuando no sabes algo y lo necesitas. Cuando ya sabes andar en bicicleta y te entregan una bici, el conocimiento no te preocupa en absoluto ¿Qué haces cuando no tienes conocimiento? Aprender ¿Cuál suele ser el primer paso? Preguntar y eso sigue 2 vías paralelas:

Primero: preguntas a alguien. Para eso necesitas saber quién sabe lo que tú no sabes y después necesitas que esa persona tenga tiempo (y ganas) para ayudarte. Casi nada. Segundo: preguntas a algo. Antes ese algo era una biblioteca o un libro y para eso había que ir físicamente a un lugar y empezar a buscar sin saber bien qué te ibas a encontrar. Después le empezamos a preguntar a Google que nos hace el trabajo sucio de buscar la información y recomendarnos varios cientos de miles de entradas, pero el trabajo de análisis y revisión corre de nuestra cuenta. Hoy le preguntas a Chat GPT y te devuelve una respuesta y no miles de links que tienes que revisar. Pero además de responder, te hace parte del trabajo porque crea contenidos. Si le pido “prepárame una encuesta sobre el grado de uso de las herramientas de Inteligencia Artificial (IA) en una empresa”, en 15 segundos la tengo. Ya sabemos que para que eso ocurra, se ha tenido que hacer una inversión gigante en alimentar GPT con toda la información disponible en internet hasta 2021. Sin embargo, el sistema más eficiente de todos es cuando el conocimiento llega sin tener que pedirlo. Por ahora, el único sistema capaz de hacer eso es el cerebro. Si te entrego una bicicleta, tu cerebro reconoce el contexto de la situación, busca el conocimiento que tienes para andar en bici (sin que tú le des la orden explicita), te lo entrega y no se equivoca (no te ofrece el conocimiento para hacer una paella). Para que esa magia ocurra (algo que nos resulta cotidiano y normal), tu cerebro se anticipa a lo que necesitas y te lo entrega. Claro que para eso necesita conocerte (saber quién eres, qué haces, qué intenciones tienes) y entender el contexto estás (en qué parte del proceso de la empresa te encuentras) y así suministrarte lo que te hace falta. Para todo ello, tu cerebro recuerda y accede al conocimiento que tienes almacenado en la memoria y que previamente tuviste que aprender. Sin embargo, si te regalo un helicóptero, tu cerebro busca conocimiento sobre cómo pilotarlo y como no lo encuentra (dado que no lo has aprendido) te responde que no te puede ayudar. Así funcionamos continuamente las personas. Usamos el conocimiento que tenemos y aprendemos lo que no sabemos para usarlo cuando nos haga falta en el futuro. Es decir, gestionamos simultáneamente los 2 componentes de la inteligencia: el conocimiento (hoy) y el aprendizaje (mañana).

 

¿Y cómo crear el cerebro de la organización? ¿cómo diseñar un sistema que se comporte igual que el cerebro? El sueño sería contar con un mecanismo que se anticipara a lo que necesitas y te lo fuera entregando sin tener que pedírselo. Estoy convencido de que los componentes que podrían hacer posible ese mecanismo existen. Ahora es cuestión de “ensamblarlos”. Durante siglos, todo lo tuvimos que hacer nosotros porque éramos los únicos que teníamos el conocimiento. El mundo cambió en el momento en que primero delegamos parte del esfuerzo físico en los animales hasta hoy que fabricamos objetos para que sean autónomos (capaces de hacer cosas sin que nosotros intervengamos) dotándolos de inteligencia. Las empresas han oído hablar de la IA, pero ni la entienden, ni saben cómo les puede ayudar ni tampoco si existen soluciones para empresas que no sean multinacionales ¿Cómo ayuda la IA a mi empresa a crear ese cerebro? Comparto al menos de 3 aspectos que son fáciles de deducir leyendo estas 2 noticias:

·       Un método basado en IA detecta cáncer con 5 años de antelación

·       Un dron conducido por la IA es el más rápido del mundo

La IA permite a tu empresa 3 cosas:

1. Ver lo que no vemos. Una IA es capaz de revisar 90 mil radiografías de 6 mil pacientes y detectar patrones que conducen a que se presente la enfermedad, algo que, debido a nuestras limitaciones biológicas, a los humanos nos costaría muchísimo esfuerzo. Si cada vez que obtienes un resultado, dedicas un tiempo a reflexionar para entender las variables que participaron e influyeron en obtenerlo, desarrollas 2 poderes valiosísimos: 1. Puedes predecir cuándo ocurrirá de nuevo ese mismo resultado y 2. Puedes provocar que ocurra ese resultado cada vez que lo que necesitas.

2. Hacer predicciones basadas en datos para tomar mejores decisiones. “Armado” con el conocimiento resultante del análisis de esas 90 mil radiografías, podemos decidir cuál es el mejor curso de acción a tomar a partir de lo que funcionó bien y mal a todos esos pacientes previos para evitar repetir errores y asegurar tratamientos exitosos.

3. Reducir la dependencia de trabajadores del conocimiento. En el caso del dron, en el momento que en podemos automatizar el conocimiento (transferirlo de una persona a una máquina) podemos liberar a las personas hacia trabajos de mayor valor y dejar de depender de expertos individuales. Si, es cierto que existe peligro de dejar a una persona sin trabajo, pero solo si crees que merece la pena trabajar en aquello que puede hacer una máquina y no nos preocupamos de que las personas aprendan continuamente. La IA específica ya es superior a la humana en muchos aspectos: No podemos ganar a un algoritmo jugando al ajedrez, leyendo radiografías o conduciendo drones. En el momento en que “contratas los servicios de la IA” en lugar de conocimiento humano obtienes “talento” de máximo nivel a mínimo precio. Los primeros en quedarse sin trabajo con Chat GPT pueden ser los programadores (conocimiento matematizable). Hoy el principal costo de cualquier servicio o producto es la mano de obra, las horas/hombre involucradas en su elaboración ¿Qué pasará cuando eliminemos ese costo ya que la fabricación de un producto o la entrega de un servicio la harán robots?

 

Veamos un ejemplo de cómo usar IA para configurar el cerebro de una empresa mediana. Días atrás mantuve una reunión con el director comercial y a su vez director técnico de una empresa industrial que vende en todo el mundo. Es además propietario de la empresa que heredó de su padre. Hace tiempo que están preocupados por transferir lo que sabe este directivo (que aún no ha cumplido los 50 años) para no continuar siendo un cuello de botella y que más personas en la empresa dispongan de ese conocimiento. De hecho, los trabajadores “rezan” todos los días para que no le pase nada porque de lo contrario, la empresa corre el riesgo de desaparecer. En ese sentido, en 2022 contrataron a un ingeniero joven que se ha pasado todo el año como su sombra aprendiendo y les acaba de decir que se va de la empresa porque ha recibido una oferta que no puede rechazar. Están destruidos porque tienen que empezar de cero de nuevo con el agravante de que no hay ingenieros disponibles. A la dificultad de encontrar el talento que se requiere, se suma una crisis demográfica en muchas regiones con un índice de natalidad tan bajo que no alcanza a reponer la mortalidad.

Pero el gran drama es que hoy el conocimiento está en las cabezas de los miembros de la empresa y en el caso que les comparto, en el cerebro del director comercial/técnico. Claro, algo del conocimiento también está en los documentos y sistemas existentes tanto para la venta (clientes, ofertas, productos, soluciones, precios, competidores, mercado…) como para la fabricación (proceso de producción, normativa, mantenimiento, tecnología, metodología, casuística histórica…). Cuando le pregunté cuanto tiempo les toma preparar una propuesta para un cliente, me respondió que desde 2 a 3 días hasta 2 semanas según la complejidad del pedido.

 

Si construimos un cerebro organizacional que vaya recogiendo el conocimiento de la empresa, te evitas algunos riesgos: ya no dependes del conocimiento de los individuos porque ahora el conocimiento también es patrimonio de la empresa. Si alguien se va, no sufres tanto. Pero, además, en lugar de gastar tanto tiempo en hacer una propuesta, le pides al cerebro que te la prepare a partir de todo lo que tiene acumulado de los clientes, los proyectos realizados, las propuestas aceptadas y rechazadas, los presupuestos… O antes de comenzar a fabricar una solución, le pides al cerebro que te traiga los casos de clientes previos que han pedido soluciones similares, el detalle de lo que se entregó, los planos, los costes, las dificultades que hubo que superar, lo aprendido en las negociaciones… O para planificar un mantenimiento, le pides al cerebro que te entregue lo que se hizo en el caso de soluciones parecidas previas, los fallos más habituales, lo que se hizo para resolverlos…

 

Para que el “cerebro” te proporcionase todo eso sin siquiera pedírselo, solo necesita saber en qué parte del proceso estás, qué conocimiento tiene la empresa sobre esa actividad del proceso para ofrecértelo ¿Cuál es la buena noticia? Todo ese conocimiento ya existe, pero en las cabezas individuales (y algo en documentos) y, por tanto, no le pertenece a la empresa, resulta muy difícil de gestionar y que cualquiera lo pueda tener a su disposición cuando lo necesita ¿Cuál es la mala noticia? Para empezar, hay que revisar y seguramente refinar todo lo que hay en los documentos. Además, hay que darse el trabajo de documentar lo que está en los cerebros de cada individuo (recordemos que somos malos documentando). Y finalmente, hay que actualizar el conocimiento con lo que pasa cada día. Es fundamental entender que este cerebro solo trabaja (por ahora) con conocimiento explícito. Es decir, deja fuera el conocimiento no documentable (tácito) lo que nos obliga a complementarlo con otras “rutinas” de aprendizaje. La IA todavía no maneja bien el conocimiento que no sea “matematizable y por eso lo que hacemos las personas con naturalidad (caminar, hablar, entender, etc) hay que enseñárselo (automatizar) y eso aún no lo hemos resuelto. Con esta versión del cerebro de la empresa, estamos gestionando la parte de la inteligencia relacionada con el conocimiento. Falta hacerse cargo de incorporar rutinas para asegurar el aprendizaje, esto es, la creación del conocimiento futuro.

 

Conclusiones: No hay empresa sin personas. Los seres humanos atesoramos el activo más importante de la empresa que es el conocimiento. Cada persona tiene su propio cerebro, pero no existe un cerebro organizacional y una empresa que no sea inteligente tiene sus días contados. La inteligencia de una persona radica en las sinapsis que son las conexiones que sus neuronas establecen entre sí. El secreto para crear un cerebro colectivo que genere inteligencia organizacional consiste en crear y consolidar las conexiones entre las personas para que circule el conocimiento, para reforzar la colaboración.

 

El sueño de todo directivo es dejar de depender tanto del conocimiento de las personas. Ahora que escuchan por todas partes que sin IA las organizaciones van a pique, quieren saber cómo les puede ayudar la IA. Eso sí, el requisito para que la IA ayude a crear un cerebro organizacional es que hay que alimentar la IA con información de lo que se hace en la empresa y cómo se hace para que no solo entregue respuestas, sino que además ejecute tareas. Hasta hace poco, la solución tecnológica que permitiese gestionar el conocimiento colectivo (cerebro) de la empresa no existía. Hoy, la IA te lo empieza a permitir a un costo asequible y de forma rápida, independientemente del tamaño o recursos de tu empresa. De hecho, empiezan a aparecen automóviles con Chat GPT. El problema no debiese estar en la plataforma tecnológica sino en el desafío de documentar todo el conocimiento que hace falta para alimentar la IA. Los grandes beneficios son que el conocimiento de la organización queda recopilado en un solo sitio y se convierte en patrimonio de la organización en lugar de quedar a merced de los caprichos de algunos individuos.

 

El 14 de noviembre impartiremos la conferencia “Reskilling: el super poder de aprender” para Telefónica.

El 15 de noviembre participaremos en el Congreso de Capacitación 2023 organizado por la Red de RRHH con la conferencia “Hacia un mundo de organizaciones más inteligentes”.

El 22 de noviembre en Santiago impartiremos la conferencia "Hacia un mundo de organizaciones más inteligentes" para Falabella.

El 7 y 21 de noviembre, en Cadabra la magia de aprender, dentro de Abra Laboratorio de Aprendizaje realizaremos las sesiones sobre "¿Cómo aprende la NASA?" con German Nauman y "Organizaciones inteligentes" con Ana Varela.

El 5 de diciembre en Valparaíso impartiremos la conferencia “Hacia un mundo de organizaciones más inteligentes” para Walmart invitado por Mutual de Seguridad.

 

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