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Cuando te sirven un
plato de comida que nunca probaste, te puede costar distinguir los
ingredientes que lo forman y te quedas con lo evidente: lo que puedes ver,
tocar, oler. Sin embargo, la clave es lo que no se percibe: los procesos
que esos alimentos han seguido para convertirse en un manjar. Con la IA
pasa lo mismo. Estamos deslumbrados por el nuevo modelo o la última
herramienta sin darnos cuenta de que lo
fundamental sucede fuera de nuestra vista. Y no me refiero a los
algoritmos, los datos o los servidores. Hablo de la transformación de la
unidad de creación de valor que va a provocar un cambio radical de sistema.
Te lo explico con un ejemplo:
Imagina que tienes
10 piezas de Lego. Como es un número tan bajo, puedes combinarlas de muy
pocas maneras y por tanto, fabricar y entregar un número acotado de
productos o servicios. Tienes pocas piezas porque son muy especializadas,
lentas de construir y eso las hace caras. Además, con el tiempo se pierden
(jubilaciones, rotación) y es difícil encontrarles sustituto. Tu negocio no
puede ir mucho más allá que lo que esas piezas finitas te permiten. Son tu
cuello de botella. Ahora imagina que de repente, tienes acceso a todas las
piezas que necesites, del tipo que quieras, casi sin costo, de acceso
inmediato y que puedes recombinar ilimitadamente. La IA es la que va a
provocar ese terremoto porque digitaliza
conocimiento: convierte experiencia en decisiones, casos, reglas,
excepciones, ejemplos, conversaciones, etc. La IA te entrega conocimiento
en forma de millones de piezas para que las puedas gestionar como quieras y
reinventar tu negocio. No mejorar el juego sino cambiarlo. Lo que antes
suponía un límite físico y económico (cantidad, especialización, coste,
disponibilidad) de pronto deja de serlo. Y eso no produce una mejora
incremental, sino que crea otra economía. En el mercado de la música
durante años la unidad de creación de valor fue el álbum como soporte
físico ya que el coste de distribuir una sola canción era demasiado caro.
La irrupción de las tecnologías digitales permitió que hoy la unidad de
creación sea la canción y explican la aparición de Spotify como un
meteorito que revolucionó el mercado. Cuando cambia la estructura del
juego, ya no sirve ser el mejor en la vieja estructura. Para diseñar este
cambio de negocio, tienes que entender los principios que lo sustentan: el
conocimiento actual que permite tener clientes y lo que habrá que aprender
para tener clientes en el futuro.
Con la IA nos
estamos quedando con lo superficial: Las organizaciones
cometen un error de diagnóstico al percibirla como un asistente
transversal que responde preguntas, genera contenidos y ejecuta tareas.
Mucha gente ya usa las principales herramientas, ha hecho un curso para
aprender a sacarles rendimiento y comprado licencias para su empresa o para
sí mismo. Todo eso supone una mejora indudable en el desempeño de los
individuos y se espera que para la productividad de las empresas. Pero la
IA va a transformar nuestro sistema económico y el modelo de convivencia
social por razones que la mayoría desconocen y que es urgente entender. Lo
que hace la IA es muy interesante: toma conocimiento y lo combina. La materia
prima que usa la IA es el conocimiento y con eso responde, crea o
ejecuta. En el momento en que alimentamos la IA con conocimiento
digitalizado, su capacidad se multiplica exponencialmente. Hasta ahora,
nuestro mundo funcionaba con conocimiento empaquetado
dentro de las personas y que se podía combinar de manera muy rígida
porque tenemos cantidades y calidades de conocimiento reducidas y
dependientes de los individuos. Pero ahora que hemos conseguido digitalizar
el conocimiento, lo podemos explotar de manera astronómica, y eso nos lleva
a otro escenario. No se trata de automatizar tareas o de sustituir
personas. En realidad, al digitalizar conocimiento, lo que transforma la IA
es la unidad de creación de valor (los ladrillos) sobre la que se sostiene
nuestro modelo económico. Y cuando cambia esa unidad, cambia la
arquitectura y cambia todo el sistema. La IA no es solo una herramienta
poderosa, sino un cambio de era. Para gestionarla bien, hay que comprender
el modelo de negocio que la sustenta. Y cuando lo entiendes, te das cuenta
de que tu empresa no podrá seguir siendo la misma y tendrá que aprender un
nuevo lenguaje. Y la inmensa mayoría no están preparadas porque están
incorporando la IA sobre cimientos muy frágiles.
La parte importante
de la IA no es la A sino la I. No puedes gestionar lo que no puedes
entender y para comprender la IA, primero necesitas entender la
inteligencia humana. Defino inteligencia como capacidad de tomar buenas
decisiones y resolver problemas. Y la descompongo en lo que sabemos hoy
(conocimiento) y en lo que necesitaremos saber mañana (aprendizaje).
Métetelo en la cabeza: La IA necesita conocimiento para funcionar.
La
IA es conocimiento y gestiona conocimiento ¿Qué sabes del conocimiento
de tu empresa? ¿y qué
sabe tu IA de ese conocimiento? Si quieres aprovechar la IA, no puedes
no saber nada del conocimiento de tu negocio.
Nuestra economía
funciona en base al conocimiento como unidad de creación de valor. Para que
cualquier actividad se lleve a cabo, se requiere conocimiento que siempre
han proveído por las personas. Si sacas a las personas de la empresa, esta
no funciona. Y si traes a otras personas con mucho conocimiento, pero de
otro sector, la empresa sigue sin funcionar. El conocimiento crítico (aquel
que sostiene la ventaja competitiva de cualquier organización) siempre ha
estado en el cerebro de los individuos, ha sido difícil de adquirir porque
toma muchos años aprenderlo (fabricar un médico nos exige 30 años), escaso
(porque hay pocas personas que lo tienen) y por tanto caro. Ese
conocimiento crítico es complejo de comprar como si fueran tornillos: se
adquiere con tiempo, contexto y aprendizaje. El hecho de que el
conocimiento fuese dependiente de las personas tiene consecuencias que
condicionan nuestro modelo: caduca con el paso los años, se pierde cuando
las personas se van, está repartido de manera desigual y en niveles de
calidad diferentes y dado que lo tienen las personas en su cerebro, no es
patrimonio de la organización. El mundo está asistiendo a un proceso de
relevo generacional donde millones de personas se
jubilan, llevándose consigo un conocimiento que sus empresas no están
siendo capaces ni
de retener ni de encontrar en el mercado. Y las nuevas incorporaciones
se sorprenden de no poder acceder a la memoria y la experiencia de la
organización y su curva de aprendizaje cuesta carísima a quien los
contrata. Hablar de capital humano, en realidad es decir “nuestra
empresa depende de cerebros alquilados”. Todo ello coloca a las
empresas en niveles de riesgo insostenibles porque el conocimiento está en
cerebros y no en sistemas ¿Cuál es el cambio que la IA va a provocar en la
unidad de creación de valor? La IA rompe ese monopolio histórico al
digitalizar el conocimiento. Hemos encontrado la manera de fabricar
conocimiento sin depender de las personas. Solo habíamos podido hacerlo
en cuerpos de carbono (seres vivos) pero no en silicio. La IA posibilita
una anomalía histórica: conocimiento sin cuerpo. Con la IA, el conocimiento
deja de ser patrimonio exclusivo de las personas porque ahora lo tenemos a
un prompt de distancia. Lo que antes requería un
ejército de personas y reuniones, se puede lograr instantáneamente con la
IA. La IA convierte el conocimiento en un activo rápido de adquirir,
abundante y por tanto barato, fácil de distribuir y combinable de forma
infinita. Y ese proceso solo se incrementará sin fin: Imagina una IA con un
coeficiente intelectual de 150 que trabaja en diseñar la siguiente IA que
contará con un coeficiente intelectual de 170 que a su vez trabajará en
diseñar la siguiente que contará con un coeficiente de 250 y así hasta el
infinito. Las empresas que definieron nuevas eras no fueron las que
simplemente adoptaron una tecnología, sino las que permitieron que su
arquitectura remodelara los cimientos de cómo trabajaban y competían.
Cuando la unidad de creación de valor cambia, entonces se transforma la
arquitectura del trabajo, del mercado y la estructura de la economía. Y
cuando el conocimiento migra de la persona al proceso, el poder cambia de
manos y aparecen nuevas formas de organizar el trabajo. En el libro Reshuffle Who wins when AI restacks the knowledge economy de Sangeet Paul Choudary hay numerosos ejemplos de
transformaciones de la unidad de creación de valor. El primero que explica
con detalle es el impacto del contenedor (tecnología muy simple) en el
cambio radical en el comercio internacional y la globalización y que
explica cómo Singapur se convierte de un país pobre en el principal nodo de
logística internacional. En el mundo de la moda, Shein cambia una industria
basada en fabricar colecciones anuales y en producción masiva a fabricar just in time y cantidades limitadas. Para ello, Shein
captura continuamente datos de tendencias de las redes sociales y con ellos
diseña y fabrica partidas muy pequeñas, las testea en el mercado y si
funcionan bien, produce más y de lo contrario las desecha. La labor del
diseñador cambia drásticamente porque al no diseñar para una temporada
anual, el conocimiento más importante ya no está en su cabeza, sino que
viene de mercado a través de los datos. Cuando cambia la unidad de creación
de valor, aparecen nuevos ganadores que rara vez son los mejores del mundo
anterior. Son los que entienden primero el nuevo juego. Si el container
cambió el sistema de comercio y el streaming
cambió la música o el cine, la IA cambia el sistema de la sociedad del
conocimiento. En un escenario donde cambia la unidad de creación de valor,
no importa mucho seguir siendo el mejor porque el mercado va a mutar. La IA
como proveedor de la nueva unidad de creación de valor (el conocimiento
digital) invita o más bien, obliga a hacerse 3 preguntas capitales hoy
mismo:
1. ¿Qué haces que
la IA no hace? Esta pregunta es inevitable y una reacción defensiva, pero
responderla es una mala idea a medio plazo porque solo te permite seguir
jugando un rato más y eso es engañoso. Tarde o temprano tienes que contar
con que la IA hará cualquier cosa que haces, aunque hoy todavía no pueda.
2. ¿Qué estás
haciendo y deberías dejar de hacer? Es decir, en qué estas malgastando
tiempo en tareas delegables que la IA ya puede hacer o que no deberían
hacerse porque no aportan valor. Aqui es necesario decidir qué le delegamos
a la IA ¿lo importante? ¿lo fácil? ¿lo superfluo? ¿lo peligroso? ¿lo
aburrido?
3. ¿Qué no estás
haciendo porque hasta hoy no se podía (no existía conocimiento) o no lo imaginabas
y ni se te había ocurrido y cómo sería el mundo si pudieras hacerlo? Para
este último caso, hay que pensar en qué conocimiento necesitaremos en el
futuro y cómo vamos a aprenderlo. Con la IA, te puedes empezar a responder preguntas que
antes solo te podías hacer, pero no responder. Y también empezar a formular preguntas que
ni siquiera te habías hecho anteriormente e indagar y
construir sus posibles respuestas.
El primer impulso
lógico es usar la IA para mejorar lo existente: para tareas repetitivas y
hacer mejor, más rápido o barato lo que ya hacemos. El siguiente impulso
nos lleva a cambiar cómo se trabaja: rediseñar los flujos aprovechando lo
que la IA nos permite y que antes no era posible. Y el tercer impulso
consiste en reimaginar el negocio: lo que los
anglosajones denominan operar con principios “AI
first” ¿Qué significa? Que no basta con
adoptar la tecnología, no es suficiente con dominar la herramienta, sino
que hay que reestructurar el sistema a partir de lo que la nueva lógica nos
posibilita. No puedes ser AI first sin repensar
tu negocio alrededor de las propiedades y la nueva arquitectura de la IA. Y
para eso hay que “dejarse rediseñar”. Para ser IA first primero hay que quitarse la ropa que uno lleva
(su historia y sus conocimientos) y eso además de difícil, nos da pánico.
Por eso un niño, que no acarrea tanta carga de pasado, no tiene miedo de
probar la IA.
Conclusiones
Examina el
contenido de cualquier curso de IA y comprobarás que todo gira alrededor de
enseñar a usar herramientas. Cómo si el éxito en la era de la IA dependiese
de manejarlas bien. La IA, vista
como herramienta, encaja muy bien en el discurso de “hacer más con menos”,
“automatizar”, “ser eficientes”. Si hay una frase manoseada
es “La IA no te quitará el trabajo, una persona usando IA lo hará”.
Pero además es una frase peligrosa que lleva a engaño porque dirige nuestra
atención al lugar equivocado. Asumimos que la IA, o me ayuda a hacer mejor
el trabajo o me sustituye. Y como me da miedo ser sustituido, me concentro
en hacer mejor la tarea que sustituiría la IA para seguir sobreviviendo y
entonces lo lógico es aprender las herramientas de IA. Si el riesgo es que
la IA reemplace personas, la solución es que las personas sean virtuosas en
el manejo de las herramientas. El mensaje es muy claro: fórmate en el uso
de la IA y estarás a salvo porque todo el resto permanecerá igual. Sin duda
es un buen negocio: Como el juego no cambiará, sino que seguirá siendo el
mismo, tú tendrás ventaja sobre todos aquellos que no sepan usar las
herramientas. Eso es cierto… pero es pan para hoy y hambre para mañana
porque solo te permite es ganar tiempo. Y la razón es simple: La IA va a
cambiar el juego. Y entonces no importará demasiado si haces mejor o más
rápido algo que ya no habrá que hacer.
Perdona que
insista, pero mientras no
entiendas la inteligencia, no entenderás la IA. Cuando compruebas que
la IA funciona con el conocimiento de tu negocio, te das cuenta de que no
tienes ni idea del conocimiento de tu empresa y nunca te habías
preocupado: qué es crítico, dónde está, quién lo tiene, en qué formato, con
qué vigencia. Una empresa no puede no entender la IA y no solo la parte
tecnológica sino los principios que la sostienen: tu empresa es una
coordinación de conocimientos. La IA altera algo que siempre fue intocable:
la escasez de esos conocimientos. El conocimiento sigue siendo fundamental
solo que deja de estar restringido. La IA multiplica el conocimiento a una
dimensión inimaginable y estás obligado a dominar ese proceso porque va a
tener unas consecuencias inmensas.
La IA no viene a
ayudarnos a trabajar mejor sino a cambiar los cimientos sobre los que hemos
construido la economía, las organizaciones y la sociedad. Por eso lo más
importante de la IA es lo que no se ve: el cambio de unidad de creación de
valor. La IA no consiste en automatizar tareas sino reordenar sistemas
completos, en pasar de “hacer mejor” a “ser distinto”. No
mejoras lo que hay, lo reconstruyes. La IA cambia las reglas de la economía
del conocimiento porque el diseño de nuestra civilización está hecho a
partir de inteligencia humana. La vida siempre dependió de la cantidad y
calidad del conocimiento disponible. Ahora todo eso salta por los aires
porque podemos fabricarla y reconfigurarla a voluntad: tendremos infinitos
ladrillos que serán multiforma, multicombinación y multipropósito. El juego apenas está
empezando, se están repartiendo las cartas, pero no te engañes, se trata de
un juego que nunca habíamos jugado antes. Así que tendrás que ser rápido
para aprender porque no tiene sentido encajar la IA en el juego antiguo.
Ganarán los que rediseñen el juego y no los que continúen jugando al juego
viejo ¿Cuál es la respuesta de una empresa a la IA? Aprender,
pero no las herramientas sino a ser distinta, a reinventarse para jugar un
juego diferente. La ventaja
competitiva ya no es el conocimiento acumulado porque cuando algo
imprescindible deja de ser escaso, ya no es una ventaja. La ventaja
será la capacidad de aprender y rediseñar el sistema completo.
- Entre el 9 de
febrero y el 5 de marzo impartiremos el curso virtual “Diseño de Mapas
de Conocimiento Crítico” para el Instituto
Andaluz de Administración Pública.
- El 13 de marzo en
Vitoria impartiremos la conferencia “Una empresa que no aprende no tiene
futuro“ en el marco del Congreso de los 75 años del Colegio de Ingenieros Industriales de
Alava.
- El 17 de marzo
impartiremos una sesión sobre “Conocimiento crítico: herramienta clave para
una administración eficiente” para la Escola
d’Administració Pública de la Generalitat de Catalunya.
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